miércoles, 6 de abril de 2011

El ascenso de Porfirio Díaz a la presidencia

Porfirio Díaz gobernó por más de treinta años nuestro país y con su nombre se designa una etapa de la historia de México, el Porfiriato. El hombre fuerte de México en el último tercio del siglo XIX comenzó su actividad política en su natal estado de Oaxaca. Sin embargo, su prestigio como militar -ganado a pulso en los campos de batalla, enfrentando a ejércitos del bando conservador e imperialista- fue lo que le permitió escalar hasta la presidencia de la República.

                                                      
                                  Porfirio Díaz en 1867
                                  (Wikipedia.org)


El general victorioso

Los primeros actos militares en los que participa -en el bando liberal- se dan durante la guerra de Reforma, en donde organiza él mismo algunos regimientos con gente de Juchitán y con indios mixes. Gracias a sus actuaciones se ganó el puesto de jefe político de Tehuantepec y el grado de coronel de la guardia nacional.

Durante la Intervención Francesa su nombre comienza a sonar en el contexto nacional. Combate contra los franceses en las cumbres de Acultzingo y en la célebre batalla del cinco de mayo, de 1862, en Puebla. Es hecho prisionero en 1863 -cuando los franceses por fin toman Puebla- y antes de ser expulsado del país logra escapar. Ante el avance de las tropas imperialistas retorna a Oaxaca en donde organiza la guerrilla, se enfrenta a las fuerzas del imperio de Maximiliano y obtiene algunos triunfos hasta tomar Oaxaca el 31 de octubre de 1866. 

Su máxima victoria, la que lo hace "héroe con fecha propia y derecho a estatua" -nos dice Luis González- la obtiene el 2 de abril de 1867 al reconquistar la ciudad de Puebla. De ahí persigue a Leonardo Márquez y en junio consigue la rendición de la ciudad de México, un mes después entrega la ciudad de México a Benito Juárez, a quien por ley le corresponde la presidencia constitucional.

Aspiraciones a la presidencia

Es tanto el prestigio del general Porfirio Díaz que -luego de derrotar por fin al régimen imperialista e iniciar el periodo de la República Restaurada- participa en las elecciones del año de 1867 aunque sólo obtiene el treinta por ciento de la votación. En 1871 vuelve a presentarse como candidato a las elecciones y vuelve a ser derrotado por Benito Juárez.

En este momento Díaz opta por la rebelión y proclama el Plan de la Noria. A su derrota electoral se suma la derrota militar. Ante la muerte intempestiva del presidente Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada se hace cargo del gobierno, Porfirio Díaz se acoge a la amnistía que le ofrecen y se retira a Tlacotalpan, en Veracruz.

Sus aspiraciones continúan, ante la inminente reelección de Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz lanza el plan de Tuxtepec -el 10 de enero de 1876- y nuevamente se alza contra el gobierno. El plan, que se modificaría después en Palo Blanco, presenta los siguientes principios: la no reelección del presidente de la República y de los gobernadores de los estados, desconocimiento del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, elecciones presidenciales a los dos meses de haber ocupado la capital y entrega del poder ejecutivo provisional a José María Iglesias si éste se adhiere al plan de Tuxtepec.

Los desacuerdos entre Lerdo y José María Iglesias fortalecen la posición de Díaz, en la batalla del 16 de noviembre de 1876 en Tecoac, Tlaxcala, consigue derrotar a las fuerzas lerdistas. Como José María Iglesias no acepta el Plan de Tuxtepec entonces Díaz se autodesigna presidente de la República de forma interina el 15 de febrero de 1877.

Ascenso al poder

Tras el abandono de la ciudad de México por el presidente Lerdo, Porfirio Díaz entra a la ciudad y remite al Congreso la iniciativa para la no reelección. Después de obtener el triunfo en las elecciones ocupa la presidencia constitucional por el periodo que termina en noviembre de 1880.

Salvo el periodo de 1880-1884 el general Díaz se mantuvo en el poder hasta el año de 1911, durante su largo periodo de gobierno pacificó al país, lo impulsó económicamente y se originaron algunos de los problemas políticos y sociales que lo derrocarían y que darían cauce a la Revolución Mexicana.

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