miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cómo inició la República Centralista en 1835

Después de un efímero gobierno monárquico -el de Iturbide- en México se estableció el federalismo como forma de gobierno. Sin embargo, después de once años de inestabilidad política el sistema federal se hallaba en entredicho. El clímax de esta situación llegó cuando Valentín Gómez Farías, vicepresidente, se hizo cargo del gobierno, en el año de 1833, en ausencia del presidente electo, Antonio López de Santa Anna. Obedeciendo a las presiones de ciertos sectores, Santa Anna asumió la presidencia solamente para suspender las reformas de Gómez Farías.

El fin del federalismo

Seguramente con la anuencia de Santa Anna, el grupo liberal que encabezaba Gómez Farías comenzó a llevar a cabo una serie de reformas que tenían la intención de transformar al país en lo político, en lo económico y en lo social. Entre agosto y diciembre de 1833 se expidieron varios decretos que afectaban los intereses eclesiásticos y militares. Los sectores más fuertes de la sociedad -el clero y el ejército- junto con el influyente grupo de liberales moderados -vislumbrando el posible desquiciamiento del orden social- se acercaron a Santa Anna para pedirle que asumiera la presidencia y revirtiera los cambios decretados. 
 
Santa Anna, que siempre inclinaba la balanza hacia donde esperaba sacar mejor provecho, terminó por aceptar y en abril de 1834 volvió a la ciudad de México a hacerse cargo del poder. Se cree que su intención era la de convertirse en dictador con el apoyo del clero, cosa que finalmente no sucedió.

Con el retorno de Santa Anna comenzó el desmantelamiento del gobierno de Gómez Farías. Al encontrar oposición en el Congreso el presidente mandó cerrar las instalaciones de éste para evitar que los diputados se reunieran. 

Gracias a la influencia de la prensa conservadora, en varias zonas del país hubo pronunciamientos en contra de las medidas adoptadas por Valentín Gómez Farías y el Congreso. Santa Anna, que se adhiere al Plan de Cuernavaca, comienza por suspender la aplicación de las reformas y convoca a elecciones para constituir un nuevo Congreso.

El cambio hacia el centralismo 

En las elecciones para diputados y senadores se trató de dejar fuera a los aspirantes de tendencia liberal, por lo que en el nuevo Congreso hubo predominio del clero, del ejército y de los moderados. Cuando se abrieron las sesiones, en enero de 1835, ya no era un secreto que existía una clara tendencia a virar hacia el centralismo. El mismo Santa Anna, sin apoyar abiertamente esta corriente, era partidario de reforzar el poder ejecutivo.

Dos semanas después de la apertura de sesiones del Congreso Santa Anna volvió a solicitar licencia para ausentarse del cargo. Esta vez se designó a Manuel Barragán como presidente interino, puesto que desempeñó desde el 28 de enero de 1835 hasta el 27 de febrero de 1836.

Durante la presidencia de Barragán ocurrieron algunas revueltas que se oponían al cambio de sistema de gobierno, las más importantes fueron las de Zacatecas y Texas. Bajo este pretexto, esta última provincia terminaría por separarse de la República Mexicana.

Por su parte, el Congreso, después de derogar las leyes expedidas por Gómez Farías, se dedicó a la reforma de la Constitución de 1824. Como resultado, el 24 de septiembre de 1835 se presentó el primer proyecto de Constitución centralista, el 5 de octubre el Congreso decretó la aprobación del centralismo y el 3 de noviembre el presidente Barragán prestó juramento a lo que se llamó las Bases Constitucionales del gobierno centralista.

Finalmente, después de varios meses de sesiones para elaborar la nueva Constitución, el día 6 de diciembre de 1836 se aprobó la nueva Constitución que fue conocida con el nombre de las Siete Leyes.

El sistema de gobierno central tendría una vida corta y de ninguna manera representó la solución a los problemas de México. La inestabilidad política prosiguió, pues los grupos políticos -liberales, conservadores y moderados- no hallaban puntos de convergencia y el clero y el ejército se resistían a abandonar sus prerrogativas.








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