viernes, 5 de agosto de 2016

Martín Cortés y la conjuración del año de 1566


Martín Cortés, hijo del conquistador Hernán Cortés y de doña Juana de Zúñiga, heredero del Marquesado del Valle de Oaxaca, se vio envuelto en una conspiración que pretendía convertirlo en rey de la Nueva España.


En el año de 1542 la corona española promulgó una nueva legislación — Las Leyes Nuevas— cuyos objetivos eran, por un lado, proteger a los pueblos indígenas y, por otro, limitar el poder de los descendientes de los conquistadores. Estas leyes ocasionaron el descontento de estos últimos, pues afectaban sus intereses al dar fin al sistema de las encomiendas.

La encomienda era una institución, aprobada por el rey, mediante la cual los pueblos indígenas eran dados a un súbdito español para que éste los protegiera, los educara y los convirtiera al cristianismo; a cambio, el encomendero tenía derecho a una parte de la riqueza producida por los indígenas. Este sistema derivó en la explotación de los indígenas por parte de los españoles, razón por la que fue cuestionado por algunos defensores de las culturas nativas.

Los encomenderos de la Nueva España -tratando de seguir el ejemplo de sus homólogos peruanos, que provocaron una cruenta guerra civil- se unieron y conspiraron, en 1549, en contra de la aplicación de esta legislación. El movimiento no tuvo mayores consecuencias gracias a la acción del virrey Antonio de Mendoza, quien sofocó el intento de insurrección sentenciando a muerte a los principales instigadores.

Sin embargo, el descontento no se extinguió; años después, con el retorno a la Nueva España de Martín Cortés, Marqués del Valle de Oaxaca, los descendientes de los conquistadores encontrarían una oportunidad para pelear por sus intereses.

El Marqués volvió en enero de 1563, después de una ausencia de más de veinte años. De carácter arrogante y de oídos proclives al halago, se relacionó con el grupo de encomenderos, muchos de los cuales eran hijos de los soldados de su padre. En poco tiempo el Marqués, cuya influencia se acrecentaba, entró en conflicto con el virrey Luis de Velasco por la aplicación de las reformas en el trato a los indígenas.

Abrumado por los problemas y quebrantado de salud, Luis de Velasco murió en julio de 1564. La Audiencia de México asumió la representación real hasta el arribo del nuevo virrey. Apenas un mes después el Ayuntamiento de México solicitó a la corona la supresión del cargo de virrey y se propuso al Marqués del Valle como capitán general del virreinato. El entusiasmo por estos cambios fue creciendo y surgió el rumor de que se gestaba una conspiración contra el rey de España, se decía que los encomenderos animaban al Marqués para que tomara el control del virreinato.

La Audiencia, que en un principio desestimó los rumores, decidió investigar y actuar con mano firme. Con el pretexto de la recepción de la correspondencia recién llegada de España, se citó al Marqués a la casa de gobierno. Martín Cortés fue hecho prisionero el 16 de julio de 1566, ese mismo día fueron capturados los principales conspiradores.

Los hermanos Alonso Ávila y Gil González de Ávila fueron declarados culpables y se les condenó a la horca. El Marqués, negando cualquier responsabilidad en la conspiración, solicitó que su caso se juzgara en España, los oidores se negaron, pero la oportuna llegada del nuevo virrey le salvó la vida. En la ciudad de México el resto de los acusados fueron castigados, algunos fueron sentenciados a muerte, otros al destierro.

El Marqués partió hacia España, allá fue despojado de sus propiedades y se le prohibió volver a la Nueva España. Sin embargo, unos años después, el rey Felipe II le devolvió su riqueza. Martín Cortés nunca volvió a la Nueva España, murió en Madrid el 13 de agosto de 1589.

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