En Episodios de México encontrarás los hechos de nuestra historia tratados de manera concisa y veraz.
lunes, 13 de febrero de 2012
La expropiación petrolera. I Los antecedentes
Como sabemos, el 18 de marzo de 1938 el presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación de la industria petrolera. Este acontecimiento, trascendental en la historia de nuestro país, no constituyó un hecho aislado, fue la culminación de una serie de acciones y reformas a la legislación que los gobiernos posrevolucionarios realizaron para que México recuperara la soberanía sobre su riqueza natural y mineral.
Las concesiones petroleras
Durante la larga gestión porfirista, el gobierno mexicano, con el afán de incentivar la economía, otorgó todo tipo de facilidades a empresarios extranjeros para la explotación de los mantos petrolíferos descubiertos en el país. Excepto el impuesto del timbre, las empresas no realizaban ningún pago al gobierno por extraer el petróleo y exportarlo.
Según Berta Ulloa, la industria petrolera adquirió verdadera importancia económica a partir de 1910. Entre las varias empresas que se asentaron en el país destacaron dos: la compañía inglesa El Águila, dirigida por Weetman Pearson, y la corporación norteamericana Mexican Petroleum of Delaware, a cargo de Edward L. Doheny.
Aunque desde las postrimerías del régimen de Díaz hubo congresistas conscientes de la situación, fueron los gobiernos emanados de la Revolución quienes -conocedores del potencial económico que representaba el petróleo- se dieron a la tarea de recuperar para México la riqueza del subsuelo nacional.
Los primeros pasos
Francisco I. Madero, en su breve periodo de gobierno, tuvo que enfrentar una verdadera crisis internacional al decretar, en 1912, un impuesto a la producción de petróleo crudo de tan sólo 20 centavos de peso -diez centavos de dólar- por tonelada extraída.
Venustiano Carranza, con la proclamación del Plan de Guadalupe, ya prometía revisar la legislación y reglamentar la explotación de "minas, petróleo, bosques y demás recursos del país..."
Las medidas que se tomaron durante el gobierno preconstitucional de Carranza fueron muy importantes: se creó la Comisión Técnica del Petróleo y se impuso un gravamen a las exportaciones petroleras -llamado "derecho de barra"- de 6.85 pesos en oro nacional por tonelada, que fue pagado bajo protesta por las compañías extranjeras.
El decreto constitucional
La culminación de la obra de Carranza quedó plasmada en el artículo 27 de la Constitución de 1917, que declara que los depósitos petroleros son propiedad de la Nación.
A partir del decreto constitucional el conflicto entre el gobierno mexicano y las empresas se agudizó y en los siguientes doce años se discutió la cuestión de si la ley afectaba las concesiones otorgadas a las empresas antes de 1917.
Como quiera, el gobierno siguió dando pasos para recuperar el petróleo, en 1928 se realizó un acuerdo entre el presidente Calles y el embajador Morrow, que desembocó en una ley petrolera que reconocía el principio de la no retroactividad de la ley. Años después, en 1936, el Congreso mexicano aprobó una ley de expropiación por medio de la cual el gobierno podía nacionalizar cualquier tipo de propiedad.
Hacia 1937 la compañía inglesa de El Águila -con la desaprobación de las empresas norteamericanas- llegó a un acuerdo con el gobierno mexicano para explotar unos yacimientos en la zona de Poza Rica. En el acuerdo se reconocía el derecho de la nación mexicana sobre todos los yacimientos de hidrocarburos y la compañía aceptaba pagar regalías a México hasta del 35% del valor de la producción.
Este fue, sin duda, un gran avance en la lucha del gobierno por reafirmar su control sobre el petróleo, dado que la compañía inglesa controlaba, desde la época porfirista, la zona de Poza Rica. No obstante este progreso paulatino, todavía tendrían que ocurrir otros acontecimientos antes de que Lázaro Cárdenas decretara la nacionalización de la industria petrolera.
sábado, 26 de noviembre de 2011
La dictadura de Santa Anna, su Alteza Serenísima
A partir de la firma del tratado de paz y amistad con los Estados Unidos, en 1848, se sucedieron los periodos presidenciales de José Joaquín Herrera y Mariano Arista. El primero transcurrió sin mayores dificultades, pero el segundo se vio interrumpido por la forzada renuncia del presidente, quien no contaba con el apoyo suficiente para mantenerse en el cargo.
En estas circunstancias los partidarios de Antonio López de Santa Anna -exiliado en Turbaco, Colombia- comenzaron a hacer campaña de proselitismo para llevarlo nuevamente a la presidencia. En un país agobiado por la crisis, la opinión pública se convenció de que Santa Anna era el hombre que necesitaba el país, por lo que se enviaron comisionados a Turbaco para convencerlo de retornar a México.
Antonio López de Santa Anna asume la presidencia
Para gobernar nombró un ministerio conservador encabezado por Lucas Alamán y se dictaron las Bases para la Administración de la República hasta en tanto se promulgara la nueva Constitución. Además, se le otorgaron al presidente poderes discrecionales por un año.
Se convierte en Alteza Serenísima
En la cumbre de su mandato dictatorial -en lugar de convocar a un Congreso Constituyente, como estaba planeado- hace que el ejército le proponga la dictadura vitalicia y acepta el título de Alteza Serenísima.
Para inicio de 1854 el gobierno de Santa Anna había conseguido provocar el disgusto de las tres principales ramas políticas del país. Los conservadores lo repudiaban porque había provocado la animadversión del pueblo, lo cual hacía inminente una revuelta. Los moderados consideraban que afectaba demasiado los intereses de la clase emprendedora del país, como comerciantes e industriales, y los liberales radicales estaban contra él porque había atentado contra las libertades civiles y políticas.
En tal situación, muchos de los descontentos se adhirieron al Plan de Ayutla -que desconocía al presidente-, firmado el 1 de marzo de 1854 y modificado días después en Acapulco. La revolución en contra del dictador triunfó en agosto de 1855 y Santa Anna tuvo que salir del país una vez más.
En estas circunstancias los partidarios de Antonio López de Santa Anna -exiliado en Turbaco, Colombia- comenzaron a hacer campaña de proselitismo para llevarlo nuevamente a la presidencia. En un país agobiado por la crisis, la opinión pública se convenció de que Santa Anna era el hombre que necesitaba el país, por lo que se enviaron comisionados a Turbaco para convencerlo de retornar a México.
Antonio López de Santa Anna asume la presidencia
El 1 de abril de 1853 Santa Anna arriba al puerto de Veracruz. El día 20 del mismo mes llega a la ciudad de México y enseguida recibe el poder presidencial de manos del general Lombardini.
Su gobierno lo comenzó contando con el apoyo del ejército y de los conservadores. Los liberales esperaban que de la mano de Santa Anna el país consiguiera la estabilidad y emprendiera su desarrollo económico. Para gobernar nombró un ministerio conservador encabezado por Lucas Alamán y se dictaron las Bases para la Administración de la República hasta en tanto se promulgara la nueva Constitución. Además, se le otorgaron al presidente poderes discrecionales por un año.
Se convierte en Alteza Serenísima
En poco tiempo se observó que las cosas sucedían de manera muy diferente a las intenciones de los conservadores y a las esperanzas de los liberales. El presidente aprovechó su poder omnímodo para fortalecer su posición desterrando de la ciudad de México a sus principales adversarios, suprimió varios periódicos importantes, aumentó los impuestos y tomó una serie de medidas que lesionaban a la sociedad, además, vendió a Estados Unidos el territorio de la Mesilla.
Más que gobernar, Santa Anna se dedicó a crear una especie de nobleza mexicana llena de lujo y boato. Restableció la orden de Guadalupe y se otorgó a sí mismo el máximo rango. Instruyó a su ministro en Francia para que contratara tres regimientos de soldados suizos, pues deseaba una guardia personal semejante a la del Papa. La guardia nunca llegó, pero mandó poner barbas postizas a los soldados más corpulentos, pues tenía noticias de que el Zar de Rusia estaba rodeado de militares barbones. En la cumbre de su mandato dictatorial -en lugar de convocar a un Congreso Constituyente, como estaba planeado- hace que el ejército le proponga la dictadura vitalicia y acepta el título de Alteza Serenísima.
Para inicio de 1854 el gobierno de Santa Anna había conseguido provocar el disgusto de las tres principales ramas políticas del país. Los conservadores lo repudiaban porque había provocado la animadversión del pueblo, lo cual hacía inminente una revuelta. Los moderados consideraban que afectaba demasiado los intereses de la clase emprendedora del país, como comerciantes e industriales, y los liberales radicales estaban contra él porque había atentado contra las libertades civiles y políticas.
En tal situación, muchos de los descontentos se adhirieron al Plan de Ayutla -que desconocía al presidente-, firmado el 1 de marzo de 1854 y modificado días después en Acapulco. La revolución en contra del dictador triunfó en agosto de 1855 y Santa Anna tuvo que salir del país una vez más.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Cuauhtémoc, último tlatoani de los mexicas
Cuauhtémoc fue el último tlatoani –"el que gobierna"- de los mexicas, asumió el mando tras la muerte de Cuitláhuac y a él correspondió la defensa final de su ciudad y de su imperio. Por su valor y heroísmo en la lucha, y por su negativa a cualquier negociación con los españoles, es un símbolo de la identidad nacional mexicana.
Monumento a Cuauhtémoc
www.toltecayotl.org
foto de José Luis Rubio/El Sol de México
Monumento a Cuauhtémoc
www.toltecayotl.org
foto de José Luis Rubio/El Sol de México
De linaje imperial
Cuauhtémoc era hijo de Ahuízotl, el octavo señor de México –el gobernante anterior a Moctezuma- y de Tilacápatl, princesa tlatelolca. No se sabe con certeza su fecha de nacimiento, aunque se presume que debió nacer antes de 1502, año en el que murió su padre. Aunque se acepta que su nombre significa "águila que cae", una mejor interpretación es la de "águila que desciende como el sol".
Cuauhtémoc tenía los méritos suficientes –por su linaje y victorias militares- para gobernar a los mexicas. Se dice que para reafirmar su posición como candidato a suceder a Cuitláhuac desposó a la viuda de éste, Tecuichpoch, y que mandó asesinar a dos hijos de Moctezuma que, además de ser rivales políticos, eran partidarios de una política amistosa hacia Hernán Cortés.
Cuauhtémoc defiende su ciudad
Cuauhtémoc gobernó el imperio azteca desde septiembre de 1520 hasta la caída de México Tenochtitlán. Ya en el mando, ante la inminencia de la guerra, envió mensajeros a varias de las provincias solicitando ayuda, mas no consiguió nada. También ofreció un tratado de paz a los tlaxcaltecas que, por supuesto, fue rechazado.
Ante el cerco que se preparaba en torno a la ciudad Cuauhtémoc colocó su ejército en puestos estratégicos, pero el desmoronamiento del imperio era irreversible y la ciudad debería defenderse con sus propios recursos ante un enemigo que conjuntaba cada vez más aliados.
Después de una valerosa defensa, el 13 de agosto de 1521, tras deliberar en consejo se decidió la rendición. El monarca mexica fue capturado, por un bergantín español, cuando trataba de abandonar la ciudad.
Prisión y muerte de Cuauhtémoc
Tras la derrota mexica Cuauhtémoc fue prisionero de Cortés y aunque se le consideraba todavía el señor de los aztecas ya no tenía un poder efectivo.
Durante la expedición que Cortés realizó a las Hibueras decidió llevarse a Cuauhtémoc y al señor de Tlacopan en previsión de un posible alzamiento indígena en la ciudad de México. En este viaje Cortés determinó dar muerte a los dos señores en un lugar del sureste mexicano –cerca de la Laguna de términos- llamado Itzamkánac.
Las circunstancias de la muerte de Cuauhtémoc no son muy claras, pero según Cortés -lo explica en su quinta carta de relación- la medida obedeció a que estaba fraguando una rebelión para asesinar a los españoles de la expedición.
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